“Terminología”

Una cuestión sobre la que queremos llamar la atención inicialmente es la de la terminología en la que apreciamos, querido lector, una evolución.

Según el diccionario de la RAE,  “discapacidad”  es condición de discapacitado y “discapacitado, da” (calco del ingl. disabled), significa: “Dicho de una persona: que padece una disminución física, sensorial o psíquica que la incapacita total o parcialmente para el trabajo o para otras tareas ordinarias de la vida”.

Por su parte, el Artículo 49 de la Constitución Española de 1978 dispone que “Los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a los que prestarán la atención especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los derechos que este Título otorga a todos los ciudadanos”.

Sin embargo, términos como minusvalía, disminuido físico, psíquico o sensorial han quedado ya muy atrás. No en vano, la Convención Internacional sobre Derechos de las Personas con Discapacidad de 2006 (Nueva York) da un paso más y utiliza la locución “persona con discapacidad”. En su Artículo Uno nos dice: “El propósito de la presente Convención es promover, proteger y asegurar el goce pleno y en condiciones de igualdad de todos los derechos humanos y libertades fundamentales por todas las personas con discapacidad, y promover el respeto de su dignidad inherente. Las personas con discapacidad incluyen a aquellas que tengan deficiencias físicas, mentales, intelectuales o sensoriales a largo plazo que, al interactuar con diversas barreras, puedan impedir su participación plena y efectiva en la sociedad, en igualdad de condiciones con las demás”.

Este avance es importante. Los distintos sistemas legislativos hicieron eco, entre ellos el nuestro con el Real Decreto Legislativo 1/2013, de 29 de noviembre, por el que se aprueba el Texto Refundido de la Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad y de su Inclusión Social.

 Por tanto, dejando atrás palabras que pueden resultar peyorativas, actualmente se suele utilizar la locución  “persona con discapacidad” y nunca “discapacitado”, porque lo primero pone el énfasis en la persona cuando la discapacidad es una de sus características, pero no tiene que englobar toda la persona. La palabra “discapacitado” puede dar a entender que es una característica que define a la persona en conjunto y no una característica más de esa persona como muchas otras.

 Se ha intentado (aunque no con mucho éxito) utilizar el término “diversidad funcional”. Es mucho más positivo porque el enfoque de que se es diferente, pero no se es “menos”, produce una emoción distinta. Diversidad de género, diversidad cultural, diversidad generacional, diversidad funcional, etc… Así queda englobado dentro de las muchas diversidades y no se percibe como algo negativo. Sin embargo no parece que haya calado, aunque hay muchos grupos que siguen luchando por que se utilice.

 Ante la pregunta, querido lector, de si es importante o no la terminología, Ludwig Wittgenstein sentenció “Los límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo”.